RECUERDOS DE POTSDAM

Austria, “País Protegido”, Agoniza Bajo el Peso de la Producción de Guerra

Por Victor Almagro

EXCLUSIVO

PARIS.- Toda Europa ha visto convulsionada su economía día siguiente de la última guerra. Pero este fenómeno no hizo sino llevar hasta la exasperación de la crisis una desintegración que se venia operando desde hacia medio siglo. El caso de Austria es sintomático. Este pequeño país lleva la pesada herencia de la quiebra del imperio austro-húngaro y de la dislocación de sus relaciones económicas con el este y con el oeste. La anexión a Alemania en 1938 agravó esta situación. Austria fue perdiendo cada vez más su fisonomía económica y política, hasta llegar a convertirse en nuestros días, con la ocupación aliada y soviética, en una monstruosa caricatura de Estado.

Cuando los alemanes declararon al territorio austriaco parte de la “Gran Alemania”, desarrollaron sobre todo las industrias de guerra. De una manera desproporcionada con su magnitud general. Austria se encontró a fines de 1945 en posesión de gigantescas usinas metalúrgicas, en Linz, donde se habían elevado 6 altos hornos y donde el mariscal Goering proyectaba erigir un bastión centroeuropeo de la potencia militar alemana. En Potsdam, conferencia diplomática, de la que casi todos sus participantes hoy reniegan, los aliados se atribuyeron derechos sobre los bienes calificados de “ex alemanes” y que  guardaron para sí a titulo de reparaciones de guerra.

Mediante esta cláusula, la Unión Soviética tomo bajo su control las empresas metalúrgicas, a las que dio la forma de un “trust” de estado soviético bajo el nombre de U.S.I.A., la que agrupa además de las usinas citadas, todas las instalaciones de la sociedad de navegación danubiana y el conjunto de los yacimientos petrolíferos de Zisterdorf.  Al cabo de un año, la URSS abría en Austria, en barrios de Viena, sus propios magazines de venta al público, que compiten con sus precios bajos con los magazines austriacos y americanos.

 • Del desequilibrio a la crisis

 Ya no hay valses en Viena. Es la capital surcada por los “jeeps” de cuatro potencias, la capital de los secuestros políticos; de las intrigas y del mercado negro. En el corazón del asunto, un organismo económico trabajado por tendencias hostiles. El Plan Marshall llego a Austria como la tentativa de Estados Unidos de paralizar la revuelta &ocie’ y de enfeudar financieramente al país. Esta inyección permitió a la nación austriaca subsistir un tiempo. Pero el estallido de la guerra de Corea y el programa armamentista mundial, proporcionaron nuevos elementos del desequilibrio. Los precios de los artículos de primera necesidad han subido un 30 %  mientras los salarios permanecen estables.

 Las medidas de limitación de las importaciones adoptada por los países vecinos han contribuido a acentuar el malestar en Austria. Europa se convierte progresivamente en unos gigantescos Balkanes.  Sin embargo,  las palabras sobre la unidad europea no caen nunca de los labios de los estadistas.  Los créditos del Plan Marshall  orientaron la industria austriaca hacia la producción de guerra, en detrimento de las industrias de consumo. Así se determinó el bajo nivel de vida de la clase trabajadora austriaca.

 Ahora, la ayuda del famoso Plan, que más parece una carga nacional, se reducirá de 160 a 120 millones de dólares Austria se encuentra enfrentada a una producción de maquinaria imponente y a una débil industria ligera, todo lo cual, unido al hecho de que la agricultura produce un 30 % menos que en la preguerra, simboliza perfectamente la situación de este desdichado país “protegido”.

Articulo publicado en el Diario Democracia

Edición del jueves 24 de julio de 1952 (Pág. 1)

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