Erwin PISCATOR

Visto por MAMBRU

De frente y De PERFIL

LOS manuales biográficos anglosajones bajan los ojos púdicamente al referirse a cierto periodo de Erwin Piscator.  Pareciera que el célebre “regisseur” hubiera nacido al mundo del arte recién en 1939, cuando dirigió Shakespeare en Nueva York, o montó “La Guerra y la Paz”. Esta negligencia evidentemente de los Who is who? (poderosas empresas de grandes intereses)  no es en modo alguno sorprendente. El respeto que merece el talento de Piscator no llega hasta aceptar sus orígenes de creador. En efecto, si Erwin Piscator debe pasar a la historia del teatro no será precisamente por haber dirigido las obras de Toltois, aquel conde piadoso y sufriente que formuló la tesis de una pedagogía celeste en Yasnaia Poliana, sino por haber fundado el teatro Proletario de Berlín en 1929.  Este Piscator que hoy vemos de cabeza blanca y cuya lengua inglesa parece ser bastante aceptable en Londres y Nueva York es aquel mismo Piscator que en las barracas de los barrios obreros de la capital alemana fundía la técnica del cine con el teatro de masas, la sátira social con el indignado libelo escénico, la experiencia de Stanislavski y de Meyerhold con su propia inventiva, y que hacían saltar al publico en los asientos al describir con mano patética la epopeya del Acorazado Patemkin. De este Erwin Piscator nadie quiere acordarse. Es mejor hablar del “regisseur” que recrea a “Rey Lear” en 1940 o que dirige “Santa Juana”.

            El retorno a los clásicos siempre debe ser considerado como producto de una era reaccionaria, si es que este retorno no esta acompañado de nuevas aventuras en la esfera de la modernidad.  El destino de ese gran artista aprisionado en el movimiento de pinzas de una época terrible, que no solamente ha triturado individualidades, sino a generaciones enteras aparece marcado con el mismo signo que hundió a Einstein en las banalidades postreras del cine soviético o el que hizo del genial George Grosz un decorador de las leyendas bíblicas. Cuando se quiera resucitar la crisis alemana de la década del treinta será imprescindible hojear aquel libro del otro Erwin Piscator que escribió en el fervor de su juventud rebelde y creadora: “El Teatro Político”. El actual Erwin Piscator ya no se reconoce en ese libro.

Artículo publicado en el diario El Laborista

Edición del 1 de Diciembre de 1953 (Pág. 6)

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